Cuando se cumplen 40 años de algo, lo tentador es contar lo que ha cambiado. En Bacalao Barquero, sin embargo, la historia más importante está en lo que no ha cambiado.

Desde 1986, todo el bacalao desalado que sale de nuestras instalaciones procede de pesca extractiva con sedales y anzuelos. Un pez, un anzuelo. Sin redes. Sin capturas masivas. Sin descartes a granel. En un sector que durante décadas se ha movido hacia métodos cada vez más industriales, mantener esta forma de pescar bacalao no es un guiño nostálgico: es la decisión que define qué tipo de producto sale de nuestra fábrica.

Pesca con anzuelo: un método más lento, una pieza mejor

La diferencia entre un bacalao pescado con anzuelo y uno pescado en red empieza antes de que la pieza llegue a bordo.

En la red, los peces se aplastan entre sí durante horas. La presión deforma la carne, rompe fibras y compromete la textura que después un chef necesita encontrar en el lomo. El estrés extremo del animal y la espera tampoco son neutros: la calidad de la carne acusa cada minuto.

Con anzuelo, la captura es individual. La pieza se trabaja una a una desde el primer segundo. Llega a bordo entera, sin daños mecánicos, con su estructura intacta. Esa diferencia —invisible en la caja, evidente en el plato— es lo que permite a un chef cortar un lomo limpio de bacalao, servirlo en crudo si lo desea, o cocinarlo con la certeza de que la fibra responderá como debe responder.

Selectividad: pescar solo el bacalao adecuado

El anzuelo no es un sistema de captura ciega. Selecciona. Solo se sube a bordo el bacalao que cumple lo que buscamos: tamaño, calibre, madurez. Lo demás se queda donde tiene que estar.

Esta selectividad tiene dos consecuencias que conviene nombrar. La primera es que el producto que recibe el chef es consistentemente el adecuado: no hay sorpresas, no hay piezas que sobran ni piezas que faltan. La segunda es que el caladero se respeta. No se vacía indiscriminadamente. No se sacrifican especies que no se buscan. Es una forma de pesca sostenible que admite continuidad —y en 40 años hemos visto cómo eso, además de ético, es estratégico.

40 años de bacalao desalado para alta cocina

Muchas cosas han evolucionado en Barquero en cuatro décadas. La técnica de desalado se ha refinado. La regularidad pieza a pieza se ha convertido en seña de identidad. Hemos ampliado el catálogo de bacalao desalado: lomos, ventresca, kokotxas, callos, desmigado, delicias supremas y concentrado al pil pil. Hemos aprendido a hablar con cocinas de cualquier nivel.

Lo que no hemos tocado es el primer paso. Seguimos pescando bacalao como en 1986 porque no hemos encontrado una razón mejor para cambiarlo. Los chefs con los que trabajamos —incluidos varios con tres estrellas MICHELIN— tampoco. Cuando un cocinero confía un plato firmado a una materia prima, lo primero que necesita saber es de dónde viene y cómo ha llegado. Esa respuesta, en Barquero, empieza siempre igual: con un anzuelo.